Quizás haciendo honor al comercial de un celular (de la marca que trajo a la cantante a Chile), en el que llega atrasada a su presentación.
Pero anoche simplemente se retrasó, nada más y nada menos que 45 minutos. Bastante menos en todo caso que la tardanza de más de dos horas en su presentación en el Luna Park de Buenos Aires.
El ritmo del concierto de Shakira fue: canto, silencio, gritos, canto… y así sucesivamente. Hasta llegar a perder la emoción por escucharla, porque con tanto silencio y oscuridad entre canción y canción, la cosa se enfriaba, pese a que los fanáticos de la colombiana la esperaban desde 1993, año en que actuó en la Quinta Vergara representando a su país en la competencia internacional.
Los gritos de las más de 15 mil personas que estuvieron la noche del jueves en la cancha atlética del Estadio Nacional, impedían escuchar con claridad a la cantante. Pero no resulta difícil de entender, pues la mayor parte del público estaba compuesta por adolescentes incondicionales que se sabían TODOS sus temas, incluso aquellos que sólo se han escuchado un par de veces en las radios.
¡Pero qué paciencia!
Su primera presentación en Santiago dejó satisfechos a sus admiradores. La chica canta bien, tiene una voz potente, es carismática y logra encender al público con sus sugerentes movimientos de caderas. Claro que no por eso se puede decir que es precisamente la diosa del rock, como fue promocionada en Chile.
Con una aparición apoteósica, a las 21.45 horas se comenzó a escuchar un ensordecedor helicóptero. La idea era emular la introducción de Another brick in the wall, de Pink Floyd, y con ese sonido de fondo, apareció la colombiana ceñida por unos apretadísimos pantalones de cuero lila desde una gigante caparazón de tela transparente. Sus primeras palabras fueron para entonar la conocida ¿Dónde estás corazón?, y nada más escucharla, las jovencitas explotaron en gritos guturales y escenas de histeria colectiva.
Gran paciencia demostraron los padres de las miles de chiquillas que anoche cantaron el pegajoso estribillo bruta, ciega, sordomuda. Admirable, hay que decirlo, porque mamás y papás (algunos con hasta ¡¡12 niños!! a su cargo), pasaron la velada con buena cara, con santa resignación y con la mejor disposición para acompañar a sus hijos a buscar un lugar para ver a la colombiana.
¿Dónde estás, Shakira?
Desde atrás poco o nada se veía. Si no hubiera sido por las dos pantallas gigantes, los del fondo simplemente jamás se hubieran enterado que Shakira se mueve tan bien y que de verdad canta en vivo. Luego de 75 minutos de actuación, la mayoría quedó con el cuello más largo, y no de picados, sino de tanto estirarlo para poder ver mejor a la cantante.
El momento pick para quienes ansiaban escucharla cantar, fue cuando la colombiana interpretó el tema Alfonsina y el mar. Ahí, por fin, se pudo comprobar la potencia de su voz. Cantó sola, sin el coro de más de 15 mil personas. Los menores no se sabían la canción, y fue un verdadero respiro para los que estábamos al borde del colapso por tanto grito infantil.
Quince canciones dejaron con gusto a poco. Shakira encantó al público, que no dudaba en gritarle ¡diosa!. Sus dulces versos provocaron a las parejas besarse hasta que dio envidia, y las sensuales letras -que denotan la sangre árabe que corre por sus venas-, se expresó con clararidad en Ojos así, que las puso al borde del paroxismo.
Para ponerle más emoción al show, de fondo se veía parte de los videos de Shakira, acompañados de buena iluminación, una buena comunicación con sus músicos (la mayoría con nombres muy gringos) y un vasto repertorio de coreografías robotizadas, para acompañar sus canciones más orejas de sus últimos discos, Pies Descalzos (1995) y ¿Dónde Están los Ladrones? (1998).
En resumen, un show que no logró mantener el calor y caía en intermitencias que eran sentían como verdaderas duchas de agua helada por quienes esperaban más de la voceada reina del pop latino.