Shakira tuvo a Torreón a sus pies al ofrecer, sin duda alguna, un show espectacular y de gran altura.
Quedó comprobado que sus caderas no mienten, que enloquecen, hipnotizan y sorprenden.
Ante 14 mil personas Shakira se presentó anoche en el estadio Revolución con un show de primer nivel, con excelente sonido, luces impactantes y, lo mejor de todo, se apreció la sencillez de la cantante desde el primer momento.
A las 21:35, las luces se apagaron ante el grito de la asistencia, que de inmediato se levantó de sus asientos.
Ocho músicos y los primeros acordes de Estoy aquí, en una nueva versión, salieron al aire.
La joven, vestida de pantalón negro y una diminuta blusa gris, apareció con sus ligeros movimientos.
Los comentarios entre los fanáticos no se hicieron esperar.
Ana Paola Rentería, quien no dejó de tomarle fotos con su celular a la colombiana, decía que se le veía ‘la panza’ como si estuviera embarazada.
Del otro lado, los gritos ensordecidos de la gente que ya coreaba Te dejo, Madrid.
“Esta noche soy toda tuya, Torreón”, dijo la cantante y repitió el mismo diálogo que en el resto de sus conciertos por México:
“Desde niña he sido muy romántica y a los cuatro años me enamoré de un niño llamado José… él tenía cinco”… La melancolía de Antología comenzaba; el sentimiento de esta canción (de las primeras que la elevaron a la fama) provocó que la mayoría de los presentes sacara sus celulares y marcara a sus amores del pasado.
Bajo la luz tenue, al sonido de la guitarra y con la potente voz de Shakira, el estadio completo se estremeció.
La escenografía la acompañaba con una luna, montañas y nubes en tonos grises.
Si te vas mantuvo esa esencia dolorosa en tono más ‘rockerón’ e intenso, pues la joven se movía de un lado a otro del escenario acompañada por los efectos robóticos de sus luces.
Esa intensidad terminó cuando Inevitable salió de las cuerdas vocales de Shakira con la misma versión de su disco ‘unplugged’.
Descalza, la joven dio el giro con sus temas más nuevos de reggeaton. Después, La tortura, y se dejaron ver los primeros movimientos de cadera, sus gestos sensuales que hacían delirar al público masculino.
Las damas por su parte gritaban las estrofas e intentaban imitar sus movimientos.
A pesar de ver que es un show ya estipulado con un guión bien definido y la artista ya sabe cuándo hablar, Ana Paola mencionaba:
El ambiente lo hace el público, aunque sepamos también más o menos lo que sigue”.
El sonido tipo árabe muy del estilo de Shakira sonó una vez más.
Parecía que era el tema Ojos así; no fue hasta el guitarrazo que el público se percató de que no era ése, sino Suerte.
Iluminada en un tono morado se desató la lluvia de caderazos y se comprobó la calidad artística de la joven, quien, a pesar de que corría y corría mientras seguía cantando, en ningún momento se escuchó agitada: cada nota y estrofa en su lugar.
Esa parte fue la más emocionate, pues aunque la mayor parte del concierto se la pasó del lado izquierdo del escenario, bajó por la parte derecha hasta donde estaba el público VIP y la locura estaba hasta el tope.
Shakira puso a cantar a uno que otro y hubo quienes alcanzaron a tocarla.
Ya había pasado una hora y treinta minutos.
Era el momento de retirarse, pero no fue así : estaba la deuda de cantar Ojos así y el hit Hips don’t lie, que cerró el show con una lluvia de confeti, un solo de bongós y la prolongada voz de Shakira, que cerró con un “Hasta siempre, Torreón”.