En el cierre de su tour, Shakira hace un repaso del último mes el cual la llevó a recorrer casi todo el país.
Lo gritó al principio del concierto: “¡Monterrey, soy toda tuya!”, y lo gozó al final. Shakira se dejó adorar por unos 13 mil regiomontanos que la noche del miércoles la acompañaron en el último concierto de su gira Fijación Oral, durante la cual por casi un año recorrió el mundo.
El adiós se dio en el Auditorio Coca-Cola, un espacio mucho menor al que la colombiana había pisado en su anterior visita a la Sultana del Norte: el Estadio Universitario; y, por ende, el aforo fue menor.
Sin embargo, quizá el inmueble situado en el Parque Fundidora trae a la mente de Shakira sus inicios, aquellos días en los que apenas con dos discos de éxito probado daba muestras de que años más tarde sería una estrella internacional.
Y como tal se comportó. A nivel de producción, el espectáculo Fijación Oral no tiene reproche.
La cantante se hace acompañar por músicos de primer nivel, entre latinos y estadunidenses; ella misma es excelente como animadora e intérprete.
Pero a diferencia de octubre pasado, cuando trajo a la ciudad por primera vez este show, en esta ocasión faltó esa chispa que marca la diferencia entre lo sublime y lo ordinario.
Hubo júbilo, sí. Emoción, claro. Pasión, de eso no hay duda. Sin embargo nunca, ni siquiera con los temas más famosos de la barranquillera, hubo ese estallido de locura.
Desde luego que un sector de los asistentes estaba arrebatado, cantando a todo pulmón, pero el resto de la audiencia simplemente dio una recepción ‘políticamente correcta’ a la artista. O probablemente los casi 12 meses de gira provocaron en Shakira una actitud casi mecánica que fue percibida por los asistentes.
El show fue básicamente el mismo del año pasado. El mismo orden de las canciones, los mismos comentarios e, incluso, los movimientos de la artista eran casi una calca de lo que muchos que acudieron anoche al Auditorio Coca-Cola ya habían visto.
El único cambio sustancial se produjo en su arribo al escenario. Esta vez sólo hizo esperar a su público 36 minutos después de las 21:00.
Abrió su presentación con “Estoy aquí”. Saludó a sus fans con un “¡Buenas noches, Monterrey!”.
Y continuó con “Te dejo Madrid”. Fue aquí donde Shakira agradeció que la acompañaran en esa última fase de la gira y sentenció: “¡Monterrey, soy toda tuya!”, para dar paso a “Don´t bother”.
A lo largo de los 98 minutos efectivos de concierto se cambió cinco veces de vestuario, pero repitió muchas de aquellas frases que en el pasado sonaban cálidas y espontáneas y que ahora se percibían frías, como cuando se refirió a que compuso “Antología” a los 17 años y que luego la inspiración le llegó en la playa para escribir “Si te vas”.
De esta etapa del show lo mejor fueron “Un sí”, “La tortura”, que cantó con su compañero Albert Meléndez, y “No”, donde envuelta en un vestido rojo giró sobre el escenario cautivando a la audiencia.
Sus raíces árabes son innegables y en honor a ellas interpretó “Suerte” y luego cambió de ritmo con “La pared”, “Día de enero” -obviamente dedicada a su amor, Antonio de la Rúa- y “Pies descalzos”.
Hizo una breve pausa en la música para agradecer a su banda -“la mejor del mundo”- por casi 12 meses de compañerismo y uno a uno los hizo pasar al frente para presentarlos.
Incluso en la última noche de la gira, Louise, a quien Shakira simplemente llamó “irlandesa pelirroja… mi pelirroja consentida”, celebró su cumpleaños con pastel y un “Happy birthday”.
Shakira se refirió al mes que pasó recorriendo el país.
“Nos alimentamos de México. Ésta ha sido una de las mejores experiencias de mi vida’’, expresó. El final del concierto de acercaba con “Ciega sordomuda”, tras la cual Shakira abandonó el escenario para hacer sufrir a sus fans, quienes pedían “otra… otra”.
Los complació con dos de las canciones más vibrantes de su discografía: “Ojos así” y “Hips don´t lie”, nuevamente haciendo mancuerna con Albert Meléndez.
Y así llegó el final. Una nube de papel multicolor cayó encima del público. Shakira recorría el escenario de un lado a otro y, al final, con un brazo en alto saludó frenéticamente y desapareció tras bambalinas a las 23:14. Ya no tenía ‘fijación’ por los escenarios… al menos hasta su nueva gira.