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Shakira en vivo: Crónica de un concierto
Eran las nueve de la noche y el concierto de la internacional Shakira todavía no comenzaba. Desde mi ubicación (platinium), el escenario no estaba "tan cerca" como hubiese deseado e imaginado, así que me conformé con utilizar como ayuda a mis ojos las dos pantallas gigantes que estaban instaladas al costado del estrado.
El recinto estaba completamente lleno. Niños, jóvenes, adultos, no había límites de edad, todos estaban presentes. Por ahí pude ver a ciertos personajes de la farándula limeña: las actrices Gianella Neyra y Viviana Rivasplata; políticos como Gabriela Pérez del Solar y Moisés Heresi. Mención aparte se llevó el conductor Jaime Bayly, quien horas después fue nombrado por la propia Shakira al agradecerle su presencia en el concierto. Sin embargo, no tuve la fortuna de ver al periodista, él como la mayoría de famosos disfrutaba del concierto en VIP Platinium.
El reloj apuntaba a las 9:30 p.m y la gente empezaba a desesperarse pues quería disfrutar del concierto que llegaba con pergaminos de ser el mejor del año. De pronto, las luces empiezan a encenderse y hace su aparición una menuda mujer de melena rubia y cuerpo envidiable que nos dice: "Buenas noches Perú, es bonito regresar a este país". Aplausos del respetable ( se calcula que más de 20 mil almas) y gritos ensordecedores.
La iluminación fue espectacular, debo admitirlo. Dicen que lo trajeron desde Buenos Aires exclusivamente para este mega evento. Habrá que creeerles.
Era casi inevitable no tararear, y hasta cantar a viva voz, temas como "Estoy aquí", "Ciega Sordo Muda" o "Pies Descalzos". Así como fue inevitable no bailar las pegajosas "Ojos así", "La Tortura" y "Hips Don´t Lie". Por ahí, un señora de aproximadamente 40 años intentaba imitar el movimiento de la cantante, pero no tuvo suerte. "Qué más da", parecía decir.
Confundida entre el público, que ya no respetaba sus asientos asignados, de vez en cuando daba una mirada a la gente de la tribuna y en vez de lamentar su suerte por estar mucho más lejos que yo, me sorprendió como gozaban y disfrutaban de la colombiana con tan solo escucharla.
Sin embargo, debo confesarlo, se me hizo poco, muy poco. Pese a que el show duró casi dos horas, quedaron muchos temas por cantar y por gozar. Una niña bastante eufórica me preguntó: ¿Qué, ya se acabó? Sí, parece que sí, le respondí.
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