Colombia vive la etapa del cambio en su música. Nuevas figuras se lanzan en busca del reconocimiento internacional y de paso el derrumbe del escepticismo nacional.
Muchos talentos se quedaron en el camino, otros alcanzaron algún eco efímero y los nuevos han podido contar, casi que de carambola, con una lucha por mercados ante la apertura y el fin de los monopolios.
En ese camino, por ejemplo, ha jugado papel definitivo la guerra de las colas o de las polas. Carlos Vives, Margarita Rosa de Francisco y Marcelo Cezán, por nombrar los más implicados, son la presentación.
Pero ese cambiazo también se notó cuando Jairo Varela con su Grupo Niche dio un vuelco radical a sus éxitos Cali Pachanguero, Nuestro Sueño, Mi Valle del Cauca y Sin Sentimiento, entre muchos más, para lanzar una temática más internacional.
Ahora se sentirá en Guayacán Orquesta cuando Alexis Lozano ha decidido dejar a un lado el amor y la mujer por la problemática social.
Mientras que las mujeres fueron ocupando lugares de privilegio en un ritmo que en conjunto parecía exclusivo para los hombres. Entonces, llegaron Son de Azúcar y Canela.
El cambiazo ha tocado a Marcelo Cezán, Shakira, Moisés Angulo y Tulio Zuloaga.
Incluso, Carlos Vives que empezó con vallenatos, tuvo una transición con baladas y encontró la ruta con una nueva propuesta de esa música con sabor a acordeón.
Y es precisamente ese cantar del Valle de Upar que ha propiciado el cambiazo de los caleños. Pues el sonido de la clave y los pitos ha cedido terreno frente a la caja y el acordeón.